La Política Enajenada

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Por Sofia Paleo*

Lo enajenado es aquello que nos es ajeno, externo, aquello sobre lo cual no logramos identificarnos y nos invita a compararnos desde lo propio mediante un sentimiento de desconfianza, lejanía e incertidumbre.

Si en estas elecciones a muchas se nos mueven los pisos de nuestras certezas, quizás algo nos resulta ajeno, pero es que la política viene asumiendo una forma enajenada en su comportamiento y dinámica. La política en tanto instrumento y no lo político como concepción, se nos vuelve algo externo que escapa a lo propio de nuestras vivencias cotidianas.

Frente a la desesperación de una parte de la militancia que propone salir a convencer, discutir, redoblar la campaña y “llegar” a la gente porque tan solo nos quedan 2 meses: para mostrar lo que es Milei, lo que viene a hacer, a recortar, vender, saquear y también dos meses para insistir en que Bullrich sería la profundización de la derecha más represiva; dos meses para correr por las calles y hacer mesitas, y dejar volantes y tirar boletas, dos meses para afinar el discurso…bueno, quizás sea tiempo de construir un primer tiempo, de calma y encuentro.

El primer tiempo en este tiempo tiene que ser el de la escucha, pero no aquella que va con la oreja abierta y el volante en mano esperando aquella frase que sirva a la entrada de un discurso ya armado. Una escucha de primer tiempo es aquella que vuelve a dar voz y visibilidad a lo vivencial. Que el vecino, mi hermana, mi mama, mi compañero, les estudiantes, puedan hablar a partir de una pregunta y no un interrogatorio que espera por dar sentencia. Preguntar y escuchar ¿Podemos hacerlo sin que se nos hiela la sangre ante la escucha de una vivencia que escapa a la ideología argumentativa? ¿Estamos dispuestas a escuchar que la inseguridad no es solo una amenaza televisiva sino concreta de vecinos y vecinas que tienen miedo de salir de noche, de dar la vuelta al perro, de pibas que sufren subirse a un taxi y tener que avisar que llegaron a sus casa, de madres que se asustan al escuchar el ruido de una moto, que no duermen hasta que les pibes están en casa? ¿Podemos escuchar que la gente quiere vivir tranquila y que esa tranquilidad tiene que ver con que alguien les hable de lo propio y no de lo ajeno? ¿Podemos escuchar que se pide que alguien aloje la frustración por no saber con cuánta plata llegamos a fin de mes, o el hastío por hacer el calendario de cuenta DNI para ir comercio por comercio en búsqueda de descuentos en el medio de nuestros múltiples laburos?.

Alojar, un primer tiempo de alojar desde la escucha vivencial.

¿Podemos escuchar que no se viene dando respuesta a la tranquilidad con la que se quiere proyectar un futuro en nuestro país, desde la individualidad, las familias en sus múltiples formatos, la comunidad? ¿Podemos ver que el fenómeno Milei aparece como líder carismático que irrumpe con una dinámica de política que venía trabajando en sentido enajenado?.

Y la necesidad de una esperanza, de una irrupción que vuelva a lo propio.

La experiencia situada es la que nos unifica, el día a día. Empezar por acá. Y desde acá y desde allá no culpar, no señalar, no tratar de estúpidos a quienes eligen desde lo vivencial porque ¿desde donde elegimos todas?. No hay incomprensión, no hay desmemoria, no hay gente que no entiende, no hay falta de lectura, lo que hay es falta de escucha. Y no hay que ir a buscar a nadie “allá afuera”, hay que alojar acá adentro, adentro de la Patria propia.

Y por supuesto un segundo tiempo en donde comprendamos que lo vivencial tiene que ver con el derecho a sostener lo propio, la vida, la satisfacción de una vida digna. Y desde ese alojar poder pensar la respuesta, que tiene que ser hallada en comunidad; desde la comunidad debemos resolver no solo agenda sino el modo en que las demandas se van a colar en el Estado y de antemano tenemos que saber qué respuestas queremos dar desde las gestiones.

Si pensamos a la política como un trabajo que está enajenado de la misma naturaleza humana, del producto de la sociedad, de la comunidad y de ella misma como herramienta de transformación para pasar a ser un mero instrumento y jaula vacía, podemos considerar que la política se ha convertido en una mercancía a vender al mejor postor de los medios de comunicación. Se encuentra despojada de ser una actividad que nos auto-realice, nos llene la existencia subjetiva y material, nos devuelva el sentido profundo del vivir para producir nuestras necesidades en comunidad.

Que triunfe lo político como concepción de vida, como modo de realización colectiva para afrontar los temas que nos preocupan a todes y ocupan a pocos. Volver a dar sentido político desde lo vivencial, para desde ese lugar diario armar las propuestas y respuestas que se enlacen con la justicia social que tanto anhelamos.

Frente a lo ajeno, al despojo, a la incertidumbre y desconfianza: volver a mirarnos y volver a escucharnos para ser comunidad organizada.

*Socióloga. Docente UNLP, trabajadora del Ministerio de Mujeres, Políticas de Género y Diversidad Sexual PBA.

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